"Estamos seguros en Afganistán y no necesitamos la oferta de seguridad que nos ha hecho Karzai". De forma tajante, el número dos talibán, identificado como mulá hermano, rechazó ayer la mano tendida por el presidente afgano, Hamid Karzai, al mulá Omar el domingo.
Para sentarse a negociar, los talibanes no quieren protección sino la retirada de las cerca de 70.000 fuerzas de la OTAN. "Mientras los ocupantes extranjeros permanezcan en Afganistán, no estamos preparados para dialogar porque ellos tienen el poder y las negociaciones no darán resultados", declara el mulá hermano.
"Los problemas en Afganistán son culpa suya" sentenció.
Ala negativa del número dos talibán se sumó una amenaza contra París difundida a través de un vídeo en la cadena saudí Al Arabiya. En la grabación, los talibanes se atribuyeron la autoría del ataque que mató a diez militares franceses e hirió a 21 en agosto. La emboscada supuso el mayor número de bajas aliadas en un solo combate en Afganistán desde 2001.
"Hemos matado a 10 soldados como un mensaje a los franceses, para que rectifiquen sus errores y se retiren de Afganistán. Si no lo hacen, oirán nuestra respuesta en París", amenaza un dirigente identificado como mulá Farouq.
Por otro lado, cuatro personas murieron ayer en un nuevo atentado suicida, ocurrido en la provincia sureña de Kandahar, bajo dominio talibán.
La petición de retirada de tropas ha sido calificada como "inaceptable" por Karzai. Pero también lo era, hasta ahora, negociar con talibanes radicales como el fugitivo mulá Omar, considerado un estrecho aliado de Al Qaeda. Washington ofrece 10 millones de dólares por su cabeza.
La sorprendente oferta del presidente afgano ha suscitado múltiples interpretaciones. Algunos analistas señalan que la propuesta de un salvoconducto para el mulá Omar no buscaba una respuesta afirmativa del líder talibán, sino reforzar la voluntad de diálogo frente a otros talibanes más moderados. La mayoría considera que el anuncio forma parte de una estrategia política de cara a las próximas elecciones presidenciales, previstas para el otoño de 2009.
Karzai es consciente de que los aliados occidentales rechazan incluir al mulá Omar en las conversaciones de paz.
El respaldo a la insurgencia ha aumentado tanto en Afganistán como en las áreas fronterizas de Pakistán por el elevado número de víctimas civiles en los ataques de la coalicción aliada.
Mientras tanto, Occidente critica abiertamente desde hace meses al hombre que creían que iba a liderar la transición democrática en Afganistán. Su gobierno y las fuerzas de seguridad a sus órdenes están salpicadas por la corrupción, el país está sumido en una espiral de violencia que nadie consigue detener y la producción y tráfico de opio se han disparado hasta cifras superiores a las del régimen talibán.
Más de siete años después del inicio de la guerra en Afganistán, una solución militar está más lejos que nunca y ni siquiera el diálogo parece una posibilidad cercana.
La impotencia de una guerra
miércoles, 19 de noviembre de 2008
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