La impotencia de una guerra

La impotencia de una guerra

lunes, 10 de noviembre de 2008

Las desilusiones de la intervención internacional

A tenor de lo acontecido hoy, la muerte de dos soldados españoles en Afganistán por un ataque suicida de un talibán, me hago una pregunta y os invito a que reflexioneis sobre ello: ¿es conveniente que se envien a países como Afganistán, Iraq, Somalia y un largo etcétera fuerzas internacionales? Y ya no sólo si es conveniente, ¿es producente?¿Qué intereses se esconden detrás de estas intervenciones en pro de la democracia? Este artículo de Bertrand Bradie reflexiona acerca de los efectos contraproducentes de las intervenciones internacionales en países conflictivos.



Hasta hace muy poco tiempo el principio de intervención parecía contar con un futuro prometedor: convertirse en un pilar básico de las nuevas relaciones internacionales. Desde este punto de vista, el fin de la Guerra Fría ha marcado su historia. Así en 1988 la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución sobre el deber de "asistencia humanitaria a las víctimas de desastres naturales y de situaciones de emergencia del mismo orden".
Este nuevo principio se colgó fácilmente medallas gracias a los numerosos desastres que se sucedieron. Por esto, en nombre de la asistencia humanitaria, el Consejo de Seguridad aprobó el empleo de la fuerza contra Iraq en el Kurdistán en 1991. También en su nombre, Estados Unidos obtuvo rápidamente el permiso para montar la operación Restore Hope en Somalia (...)
En julio de 1994 el Consejo apeló de nuevo a este principio, decidiendo por consenso que un golpe militar contra la democracia en Haití justificaba este tipo de acción.
Sin embargo el milenio acababa con la banalización de este principio: la intervención de la fuerza internacional Alba (el día después de la insurrección de 1997 en Albania) y el envío de fuerzas de Naciones Unidas en Timor (el día siguiente del referéndum de la independencia y de las masacres cometidas por el ejército indonesio en 1999).
Poco a poco el principio de intervención fue adquiriendo fuerza hasta el punto que fue considerado como indispensable y eficaz, hasta el punto incluso, que podían tomarse algunas libertades con respecto a la legalidad.
Las intervenciones norteamericanas de octubre de 2001 en Afganistán y de marzo de 2003 en Iraq, que apelaban al derecho de intervención y en ocasiones al principio de la responsabilidad de proteger, desvirtuaron profundamente ambos principios. Asimismo, estas acciones generalizaron la idea de que la decisión de intervenir podía ser unilateral y llevada a cabo por coalicciones circunstanciales sin un mandato de la ONU.

El año 2006 aceleró gravemente este proceso de decadencia, llegando incluso a bloquear durante mucho tiempo las iniciativas algo ingenuas que habían surgido tras el fin de la bipolaridad. En primer lugar,los fracasos del unilateralismo norteamericano adquirieron una amplitud y una visilibidad nuevas. El informe de la comisión Baker-Hamilton y la dimisión del secretario de Defensa Donald Rumsfeld pusieron de manifiesto los límites de la intervención unilateral en Iraq y especialmente , los efectos negativos de toda operación pensada exclusivamente en términos de fuerza. En ese mismo momento la intervención en Afganistán ya mostraba signos inquietantes de debilidad. Así, en el año 2006 se produjo el resurgimiento político militar de los talibanes a los que se creía derrotados para siempre.
El fracaso paralelo de la intervención francesa en Costa Marfil corrobora esta idea.

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